¡Que descansada vida
la del que huye el mundanal rüido
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio moro, en jaspes sustentado.

No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.

¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado?,
¿si, en busca de este viento,
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado?

Oda a la vida retirada
Fray Luis de León